Quiero hacer una reflexión a partir de este texto de San Juan. Estaba leyendo La caída de los gigantes, de Ken Follet, por segunda vez, y voy encontrando pequeños pasajes de la obra que son exquisitos. Este fragmento sale a raíz de que el padre de Billy echa a Ethel de casa porque se queda embarazada, y Billy, miembro de la Iglesia de Aberowen, lee este texto para que su padre se de que cuenta de su injusticia.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 81-11

 Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

A mi me hizo reflexionar sobre la profundidad y claridad de las palabras de Jesús: Por una parte, nadie sabe lo que Jesús escribía en el suelo, pero es de suponer que serian los pecados de los que acusaban a la mujer. Dios conoce todos nuestros pecados, y sabe como somos en realidad. La parábola del funcionario que no quiso perdonar nos lo muestra claramente (Juan18, 23): “Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?”.

Y por otra parte nos descubre la misericordia de Dios con una frase que rompe con el Antiguo Testamento y da paso a un nuevo camino en la pedagogía de la salvación: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más”. El amor y la misericordia de Dios, a la par que su justicia, están ahí condensados. Nunca nadie puedo decir mas con menos palabras.

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